Calles de todos los colores

By: Nadya Hernández

Photos: DaveL Designs

Venue: Wynwood, Miami
Date: 27 November ‘13

La calle. Escenario en el que se nos pasa la vida. Atestado de cemento, ruido, rejas, y muros. Esa calle para algunos es lienzo, una opción amplia donde habitan seres de este y otros planetas, salidos de las cabezas de aquellos que todo lo pueden pensar en grande.

En Miami, donde la existencia pareciera resumirse en las palabras sol, playa y arena; hay un distrito en el cual el arte ha recuperado el espacio que se había llevado el abandono: Wynwood. Una galería a cielo abierto, en la que el espectador transita tantos parajes posibles como en la vida misma. No hace falta ser erudito para fascinarse con los colores, intentar descifrar las formas, e inclinar el cuello buscando el momento perfecto en el que la luz hace magia con la obra.

Es allí, donde las criaturas del mar emergen a la tierra por obra y gracia de David Lavernia (DaveL). Artista nacido en Florida, de padres cubanos, que entre azules y amarillos inunda el crudo concreto de formas definidas, e historias imaginables. David no sabe exactamente a qué edad empezó a pintar, tal vez a los 8 años me dice, pero tiene claridad sobre el momento en el que tuvo que tomar en serio su talento. Y es que si la tienda en la que trabajaba no hubiera cerrado, seguramente seguiríamos inocentes de su capacidad para mostrarnos la forma en la que comprende el océano y sus habitantes, que son sus principales creaciones.

Intervenir la ciudad es un acto transgresor, supone otorgar nuevos usos al espacio público, dotar de significado lo común y lo corriente. Este ejercicio se exacerba en Wynwood, donde a cada paso se adivina un propósito estético, un ejercicio político, un acto creativo imposible de ignorar.

David lo sabe, por eso además del gran formato, lleva su arte a tablas de surf, carros, cuadros, y cuanta superficie sea amiga de portar un estilo único, que parece siempre iluminado por un sol radiante, una luz atravesada que multiplica el color, y lo hace todo lo fuerte que puede ser. No es el ejercicio artístico por si mismo, es la posibilidad de contar una historia, de lanzar una propuesta, de reinventar lo cotidiano.

Le pregunto porqué pinta, y me dice que por repartir un poco de felicidad, y hay que ver cómo lo logra. Creo que un objeto que conoce el trazo de un artista, no vuelve a ser el mismo, se transforma para siempre, se hace merecedor de una alegría irremplazable. Wynwood y sus calles lo testifican, luego de ser epicentro de delincuencia, hoy se ocupa de albergar galerías, restaurantes, y toda clase de eventos culturales.

Admiro ese trabajo carente de palabras, que tan poco se parece al mío; que logra hablar sin llevar una sola letra; que inspira y divierte; que sugiere historias; y en el caso de David, que invita a nadar en ese mar de tortugas gigantes, olas de colores, y peces que sonríen.